POR QUÉ Y PARA QUÉ EL CIVyD

El barrio de San Cristóbal y el distrito de Villaverde han sido durante su historia espacios olvidados por la ciudad de Madrid, y donde, sin embargo a través de la propia organización vecinal se han conseguido llevar a cabo procesos innovadores de participación y gestión público-comunidad, como las grandes remodelaciones o el plan 18000.

En septiembre del 2015 en una cafetería de San Cristóbal de los Ángeles nos sentábamos la Asociación de Vecinos y el servicio de dinamización vecinal a plantear la necesidad detrabajar nuevas formas de participación que engancharan con la gente joven, pero también intentar conseguir que toda aquella población del barrio que utiliza este como barrio dormitorio y que tienen la necesidad de sacar adelante sus saberes, actividades y capacidades tuvieran una oportunidad en el propio barrio para desarrollarla y no se tuvieran que “ir a Madrid”. Es decir, que el barrio no perdiera el valor social de su vecindad y que ésta a través de la recuperación de este edificio vacío pudiera desarrollar sus ideas, sus saberes y ganas y que esto a su vez beneficiara el propio desarrollo del entorno.

Se planteaba también otra idea que ha vertebrado todo el proceso de estos dos años. Y es que debido a la labor del día a día y asentada en el territorio y formando parte del mismo, se conocían las riquezas sociales del mismo. Hace alrededor de 8 años, cuando se llevó a cabo el 50 aniversario del barrio, se descubrieron más de cinco estudios musicales caseros, gente que trabajaba herramientas audiovisuales o escritores y escritoras. También se había ido dialogando con otras personas sobre sus proyectos y se vio que sí, que había una necesidad en el barrio y esta era la falta de espacios donde esta gente pudiera desarrollar sus ideas.

Desde este punto de partida, se pensó además, que si esto era así, seguro, que si se conseguía visibilizar el proyecto, habría más gente que estando en la misma situación, querría sumarse, y con ganas de construir en colectivo. Y así tener la base de un grupo motor, donde ese grupo de vecinos y vecinas comprometidas y algunas organizaciones del entorno, impulsaran esta idea hasta poder llevarla a cabo.

Por último, nos planteamos que era muy importante crear un espacio, como herramienta, pero también como objeto visible y tangible. Un espacio que abriera el barrio y nos permitiera mostrarnos no tal y como solemos salir en los medios de comunicación, sino como un espacio para vivir, abierto a la llegada de nueva vecindad y donde ocurren cosas innovadoras, diferentes, pero que no pierden su identidad de barrio. Queríamos crear puentes con el resto del distrito de Villaverde y también con el resto de Madrid. Puentes de Ida y vuelta.

Con estas ideas, nos dimos cuenta que era necesario contar con más gente para sacar adelante esta idea. Y que era nuestra apuesta crear un proyecto desde la gente y colocarnos detrás para impulsarlo y que no decayera, es decir motivando, acompañando y manteniendo.

Para construir este proceso y trabajar en la dualidad de los tiempos entre lo urgente y lo que necesita un trabajo calmado a medio-largo plazo se creó una estrategia: Por un lado la Asociación abriría un nuevo espacio llamado la Comisión Vecinal y por otro lado se abriría este proceso participado que concluyera en la cesión de la gestión de un edificio cerrado del barrio, a partir del cual la gente se involucrará en las reuniones sin tener porque pertenecer a la Asociación.

Cada una de estas líneas, que estratégicamente se irían cruzando tenían, sin embargo, formas de actuar y focos de acción y temporalización diferentes. Mientras la comisión vecinal trabajaría las problemáticas de cada momento del barrio, además de sumarle el sacar adelante las actividades comunitarias, Reyes, carnavales, fiestas, el grupo motor que se montaría para pedir la cesión del espacio tendría la vista puesta en la construcción de alternativas para el futuro. Se trabajaría poniendo en valor las capacidades y propuestas del barrio, con una imagen más de nuevo asociacionismo y espacios sociales de Madrid.

La realidad es que con esta última acción se quería poder llegar a gente que por diferentes razones no participaba en la Asociación porque la entendían como algo antiguo, les apetecía involucrarse en proyectos más de hacer, desde la creatividad, y poder canalizar con el “valor social” que el barrio y distrito perdían cada vez que alguien tenía que ir a realizar sus actividades “al centro” y que estas capacidades, saberes y acciones revertieran en el entorno.

Como decíamos, desde la celebración del 50 aniversario del barrio, a las diferentes actividades que se han ido promoviendo, el apoyo al lanzamiento de proyectos y el desarrollo de ideas, se había realizado un mapa de la gran cantidad de gente que habitaba el barrio desarrollando este tipo de proyectos. Siendo justo en el periodo anterior al verano y en ese mes de septiembre donde en concreto se pusieron en contacto varias personas vecinas del barrio y del distrito con la necesidad de espacios para poder desarrollar su proyecto. Teníamos con esto la base de los que fue el primer grupo motor que impulsó el proyecto.